Satanas y sus cobros
Tomás, por ser avaro y cruel, había prometido muchas veces en sus maldiciones que le daría su alma eterna a cambio de riqueza, poder y para que nadie se le opusiera. Esa era su deuda: su propia existencia, su espíritu y todo lo que era, entregado voluntariamente con sus palabras y su maldad. Una noche de tormenta, Satanás apareció como una sombra inmensa, con ojos rojos y aliento de fuego, para cobrar justo eso. Tomás quiso echarse atrás, pero ya era tarde: la deuda estaba firmada con su vida. Le arrancó el alma sin tocarlo, arrastrándola al infierno.. Desde entonces, nadie lo volvió a ver, pero en las noches oscuras se escuchan sus gritos pidiendo perdón y la risa espantosa del demonio. Dicen que dos luces rojas vigilan desde su casa, esperan do a otro que cometa el mismo error: porque con él, la moneda de pago siempre es el alma.